Jue. Dic 1st, 2022
Compartenos

Comienza el Mundial de fútbol más polémico y caro de la historia.

Este domingo ha arrancado el Mundial de Catar 2022, una cita futbolística que no tiene parangón en cuanto a lo discutido del entorno y al monto de millones que se han invertido en su organización. La costosísima ceremonia inaugural, celebrada en el Estadio Al Bayt , con una inversión de 847 millones de dólares, representa la punta de lanza de un despliegue monetario de la teocracia musulmana catarí sin precedentes en la historia del balompié. La FIFA, principal beneficiada, se frota las manos: calculan que aumentarán un 14% las ganancias obtenidas con el Mundial precedente, el de Rusia 2018.

Las cifras evidencian un salto de categoría impresionante. Aunque el Estado emiratí ha asumido una reciente política de discreción con respecto al gasto empleado, no siempre ha sido así. En 2017 habló en este sentido el ministro de Finanzas catarí, Ali Shareef Al-Emadi. «Gastamos cerca de 500 millones de dólares por semana en los principales proyectos y eso va a continuar así durante los próximos tres o cuatro años a fin de conseguir nuestro objetivo».

El emirato ha conseguido su objetivo. Está en el centro del mundo, tratando de exponer una imagen adosada a los valores deportivos. Quiere que se olvide el sistemático maltrato a los derechos humanos y aparecer como un interlocutor sin mácula, más allá de su ingente chorro de millones de dólares. Pero no lo está teniendo del todo fácil, pues en Europa y Estados Unidos se han multiplicado las denuncias contra el trato que Catar ofrece a los homosexuales, a los trabajadores migrantes y a las mujeres. Tanto han arreciado las críticas que sus directivos se han revuelto acusando a Occidente de «racismo». Y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha querido poner la cara roja a los países desarrollados.

Un grupo de activistas ha colgado una pancarta con el texto «La FIFA mata. Copa del Mundo 2022: 6500 muertos» durante breves minutos en el Pont des Arts, uno de los puentes más famosos que surcan el río Sena de París, en protesta por los miles de trabajadores inmigrantes fallecidos en Catar para construir el Mundial.

La autoría de este acto de protesta efímero corresponde al colectivo francés de «Les Dégommeuses», que se presenta como un equipo de fútbol compuesto sobre todo por lesbianas y personas trans que tienen como meta luchar contra las discriminaciones. Los pocos minutos en los que la pancarta ha estado visible -16 metros de largo por 4 de altura- han servido para llamar la atención de algunos transeúntes y turistas. Las activistas han encendido además bengalas de color rojo y verde.

También en Alemania ha tomado fuerza el movimiento de boicot contra el Mundial. Más de la mitad de las y los alemanes afirman que no verán los partidos y muchos bares han decidido no retransmitir la competición en señal de denuncia por la vulneración de los derechos humanos en el país que acoge la copa del mundo.

Por Mel

Deja una respuesta