Mié. Nov 30th, 2022
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Ratas, huesos y barro: los alimentación de muchos para sobrevivir.

En circunstancias extremas, las personas desesperadas pueden recurrir a comer barro, frutas de cactus, flores, ratas, huesos desechados o pieles de animales para mantenerse con vida. El hambre severa, la mala alimentación y la desnutrición son un desafío cotidiano en muchas partes del mundo y su escala es verdaderamente gigantesca.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU afirma que «hasta 828 millones de personas se acuestan con hambre cada noche» y «345 millones enfrentan inseguridad alimentaria aguda». Ante el Día Mundial de la Alimentación que se celebra este 16 de octubre, la BBC habló con cuatro personas de diferentes partes del mundo que han experimentado hambre extrema y les preguntó cómo sobrevivieron.

Mi familia depende de la piel y los huesos desechados».

En los últimos dos años, Lindinalva Maria da Silva Nascimento, una abuelita de 63 años de Brasil, ha estado comiendo huesos y piel desechados por los carniceros locales. Su presupuesto diario de apenas US$4 le sirve para  alimentarse ella, su esposo, un hijo y dos nietos. No puede comprar carne, así que va a diferentes carnicerías y compra carcasas y pieles de pollo que le cuesta alrededor de US$0,70 por kilo.

«Cocino huesos con trozos de carne que quedan en la piel, agrego frijoles para darle gusto y  la piel del pollo se fríe en una sartén sin aceite y luego se recoge y almacena la grasa que se acumula» dio a conocer. «Ni siquiera pienso en comprar fruta, verdura o dulces. Antes tenía el congelador lleno de carne y verdura y en la nevera había col, tomate, cebolla… estaba llena», contó.

Más de 33 millones de personas en Brasil viven con hambre, según un informe reciente de la Red Brasileña de Seguridad Alimentaria. El estudio, publicado en junio, también encontró que más de la mitad de la población sufre de inseguridad alimentaria.

 He estado comiendo ratas desde la infancia y nunca he tenido ningún problema de salud. Alimento a mi nieta de dos años con ratas. Estamos acostumbrados», dice Rani, del sur de India. Esta mujer de 49 años vive cerca de Chennai y pertenece a una de las comunidades más marginadas del país: dejó la escuela después del quinto año. «Siempre vivimos fuera de los pueblos y aldeas. Nuestros padres y abuelos nos dijeron que a veces no tenían nada para comer, ni siquiera tubérculos. En esos tiempos difíciles, las ratas nos proporcionaban el alimento que tanto necesitábamos», dijo Rani a la BBC.

Sharifo Hassan Ali, de cuarenta años y madre de siete hijos, es una de las desplazadas. Tuvo que abandonar su aldea y viajó más de 200 kilómetros». Durante el viaje comíamos solo una vez al día. Cuando no había mucha comida, les dábamos de comer a los niños y pasábamos hambre», aseguró. De camino a la capital presenció algunas escenas impactantes. «Vi cientos de animales muertos en mi camino a Mogadiscio. La gente incluso se está comiendo los cadáveres y las pieles de los animales».

Fefiniaina es una madre de dos hijos de 25 años de la isla de Madagascar, en el océano Índico. Dos años de pocas precipitaciones han destruido los cultivos y diezmado el ganado. Eso está empujando a más de un millón de personas hacia la inanición, según la ONU. Con su esposo se ganan la vida vendiendo agua. «Cuando gano dinero, compro arroz o yuca. Cuando no tengo nada, tengo que comer la fruta del cactus rojo o acostarme sin nada«, le dijo a la BBC a través de un traductor de Unicef.

Por Mel

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