Mié. Nov 30th, 2022
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El costo de producir energía se disparó un 40% en Europa en 2022 debido precio de los combustibles.

La situación  de Ucrania y un sector ya tensionado hicieron que durante 2022 haya sido un 40% más caro producir energía que en el año anterior en la Unión Europea, el mercado en el que más se incrementó este costo, según el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía.  «La consecuencia más visible de la crisis fue un auge en los precios de la energía», resume el documento, que recuerda que «no hay precedente» para los que marcó el gas natural este año. La subida de los combustibles fue el principal motivo de la escalada paralela de los precios de la electricidad: la agencia estima que estuvo detrás «del 90% del crecimiento en el coste medio de la generación eléctrica mundial».

El gas natural es, generalmente, la fuente marginal de generación eléctrica. Esto quiere decir que marca el precio al que se vende el megavatio hora en el mercado mayorista, ya que el resto de fuentes que entran en el mix tienen un costo de producción menor. Al depender de esta materia prima para la generación, el gas termina fijando el precio de la luz, aunque sea de forma indirecta.

«Los precios eléctricos mayoristas se triplicaron en la Unión Europea en la primera mitad de 2022, muy por encima del incremento del 40% en los costos subyacente medio de la generación«, explica la AIE. En este sentido, también se notaron las consecuencias de la situación de Ucrania y cómo las sanciones hicieron que redujese sus exportaciones por gasoducto. La principal fue que aumentasen las importaciones netas de gas natural licuado, que llega en buque metanero: en los ocho primeros meses de 2022 crecieron un 66% respecto al mismo periodo del año anterior.

La asociación considera que la crisis energética actual es «significativamente más amplia y compleja» que cualquiera de las anteriores y advierte del peligro que supone para los países más pobres. Se apunta al gas natural, pero también al propio petróleo, el carbón, la electricidad, el clima o la seguridad de los alimentos. «Lo que se requiere no es diversificar y alejarse de una simple fuente de energía, sino cambiar la naturaleza del mismo sistema energético y hacerlo mientras se mantiene un suministro asequible y seguro de servicios energéticos», destaca la AIE.

Todo esto termina suponiendo una tendencia inflacionista que incrementa los problemas de seguridad alimenticia -sube el precio de los alimentos en los países más pobres, en parte porque incrementa también el de los fertilizantes- y somete a presión los presupuestos familiares, «especialmente en los hogares pobres, donde un porcentaje relativamente alto de los ingresos se gasta en energía y comida», detalla el informe.

Por Mel

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